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Ha pasado bastante, ¿verdad? Tengo que decir muchas cosas.

Pero mejor en otro momento, tiempo es lo que sobretodo voy a tener. Ahora quiero hablar de éste instante.

Pienso en hace dos semanas y lo que más me preocupaba era el no hacer deporte, bueno, me sigue preocupando, pero ahora eso ya no importa porque pasado mañana estaré montada en un avión en dirección a la casa de mi tía.

¿Para qué haces ésto? Me he estado preguntando eso creo que todos los días. Una parte de mí siente que no hay ninguna razón y la otra está confusa pero con ganas de saber qué sucederá.

Al final de cuentas por eso se viaja, ¿no? Por ver, por saber qué ocurrirá.

Nunca he viajado sola y mucho menos al extranjero en un viaje de diecisiete horas.

Pienso en que ésta situación habría sido imposible un tiempo atrás, pero ahora… Consigo hacer lo que quiero. Y ahora quiero ver.

La voz me dice que hay cosas más importantes, que esos placeres sólo me hacen perder el tiempo. Que te den.

Gran parte de mí trabajo radica en tener una vida plena, en hacer lo que deseo, y quiero viajar, quiero escuchar otras historias para enriquecer las mías.

No hay prisa, respiro, esto importa.

Respirar

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Todo está en rojo, algo no va bien.

He bajado la guardia y ella a entrado, la puedo oler pero no sé dónde está.

¿Qué hago ahora? Es algo que me he estado preguntando demasiadas veces. Me resulta ridícula ya que sí sé que puedo hacer… Pero no lo hago.

Estoy dispersa, ya no estoy en una nube sino envuelta en niebla.

Me siento abrumada y vuelvo a esconder la cabeza. Ahí está, el miedo.

Ella sabe que me canso, que tengo ganas de llorar por no estar haciendo nada. El estigma de la perfección y mis incontables deseos vuelven a golpearme.

Otra vez siento que se me acaba el tiempo.

—Pero el tiempo ya se terminó mi amor, sólo tienes el presente.

Soy yo quien digo eso, no hay ningún ente de luz, yo soy la luz. Yo soy ese razocínio que la criatura trata de separar de mí.

Has vuelto mis anhelos en mi contra, otra vez.

Ya he soltado a los perros para que sigan tu hedor. Cuando te encuentren yo misma te hincaré el diente.

Cuando siento que me aprietas el pecho

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Pensaba que cuando lo terminase lo primero que haría sería escribir sobre ello. Pero aquí estoy, en la madrugada, tras cinco días, hablando por fin de ello.

Una sensación de irrealidad me sigue a todas partes, ¿de verdad lo he terminado? Me pregunto constantemente. Pues sí, lo he terminado y es precioso.

Cuando pienso en él noto unas grandes mariposas batir sus alas. Una emoción incontenible me hace sonreír y saltar en el sitio.

Es como parir un hijo al gusto. Es perfecto, perfecto.

Una de las cosas que temía sentir era tristeza, una pérdida, pero no ha sido así, todo lo contrario; es encontrar.

Ahora quiero continuar pero la Criatura me mira como si no hubiera hecho nada. Cómo te odio.

El problema es que hace que a veces me lo crea.

Debo descansar, las ganas de contar no me faltan, pero tengo que parar y luego volver a la carrera.

El libro

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Creo que llevaba más de siete meses girando cartas.

Algunas duraron en mis manos lo suficiente para compartir algunas confidencias, pero al final todo terminaba disolviéndose en la falta de interés y mi necesidad de más de lo que yo recibía.

Pero una carta de sonrisa roja y pantalones blancos hizo que me picara la curiosidad.

Nuestras palabras fluyeron como un río en primavera. Algo comenzó a moverse.

Te miraba y creo que en el fondo lo sabía, porque pasaba el tiempo y seguíamos queriendo volver a vernos.

Entonces apartastes una de las gruesas cortinas a tu alma y vi un amor. Era desconocido para mí pero era tan honesto y tan lleno de pasión que al final esa calidez terminó por formar parte de mi.

Nuestra amistad se me antojó una vela de aquellas que por mucho que las trataran de apagar se mantienían ardientes.

Los meses se deslizaron sin percatarme de ello.

Me transformaba y tú pudiste verlo orgullosa. Sin embargo, para ti no era así y terminaste confesando que te marchitabas, tenías que volver a casa.

En aquel momento me di cuenta que ya no imaginaba un futuro sin reír contigo.

Observé el interior de mi pecho y un lustroso navío atravesaba el mar de mi corazón. Su capitana me miraba con una sonrisa roja y unos pantalones blancos.

Quise hacerte cambiar de opinión, deseaba seguir sosteniendo tu mano. Pero me di cuenta de que tu bienestar se volvió parte de mi bienestar.

El tiempo se agotaba y yo escuchaba el eco del final de relaciones pasadas.

Entonces, en aquella noche llena de incertidumbre, me miraste y dijiste que no eras aquél pasado que me atormentaba, que este presente nos brindaba unas posibilidades que antes no habían. Pero que lo más importante era si estaría dispuesta a seguir caminando a su lado aunque no fuese por el mismo camino.

Sí, joder.

Tu ya lo tenías claro, no dudaste de que nos volveríamos a ver, de que seguiríamos teniendo conversaciones infinitas.

Te abracé convencida de que nuestros cuerpos estaban hechos para encajar el uno con el otro.

No lloré, tu franqueza serenó mi alma.

He de confesar de que en un principio no sentí que te hubieras ido, todo seguía en su sitio.

Pero sí que cambió.

Una tímida honestidad fue envolviendo nuestras palabras. El pasar del tiempo hizo que el extrañar la cercanía nos instara a confesar un cariño que aleteaba como un pájaro.

Entonces hablé de un dolor que, sin saberlo, tu también sentías.

Aquello consiguió que apartaras otras cortinas llenas de polvo. Eran dolor, soledad e incomprensión.

No sentí pena sino orgullo, tu fortaleza me parecía hermosa. Yo solo podía ver a una guerra.

En aquél momento lo noté. No había sido el destino, sino nosotras quienes habíamos forjado un bello hilo de araña del color del Sol.

El mar no era nada, escuchar tu voz volvía todas mis dudas un vago recuerdo.

Nos habíamos convertido la una para la otra en un pilar que hacía todo mucho más ligero.

Tu sabiduría de cuatro vidas me han ayudado de una manera que jamás voy a olvidar.

Entonces, en nuestra conversación más larga, acabamos llorando de amor.

Me dijiste lo que siempre había deseado escuchar de otros, y yo sollozé mi deseo de escuchar tu historia, besar cada una de tus heridas. Te merecías todo lo bueno de este mundo.

Ahora estoy aquí, escribiendo esto. Llena de dicha y lágrimas porque en dos pequeñas criaturas, separadas por el océano, han conseguido crear un poco de magia.

Spring Day

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No sé cuántas veces habré suspirado ya. Qué frustrante. Qué vergüenza el recordar.

Vete por favor, ya ha pasado mucho tiempo.

Quiero morder esa sonrisa de medio lado. Quiero apretar tu carne oscura.

Sólo quiero dejar de desviar la mirada a tu antigua casa.

Vete por favor.

Pero no te vas, te cuelas en cada rincón de mi cuerpo como una hormiga.

Odio que nos saludemos como si nunca nos hubiéramos amado.

Perdona. Perdona por no haber sido sincera, pero no puedo dejar de pensar en que tú tampoco te atreviste a serlo.

Hormiga

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Aún recuerdo afilar el cuchillo para comprobar su filo en mi piel.

Aún recuerdo la saliva cayendo por mi mejilla.

Aún recuerdo mi cuerpo asomado a la ventana, preguntándome si me dolería el golpe.

Aún recuerdo las incontrolables lágrimas que me acompañaban durante horas.

Aún recuerdo mi voz rasgada por los gritos.

Aún recuerdo cuando mi mente se vaciaba y era incapaz de hablar.

Aún lo recuerdo todo.

No a pasado mucho desde aquello, pero hoy, que decidí parar para meditar, terminé llorando ante aquél pasado tan cercano.

Ahora puedo ver la línea que separa a mi verdadero yo de la Criatura. Pero el pasado es más confuso de discernir.

¿Yo tenía total control sobre mis acciones? No, pero creo que reflexionar eso no lleva a nada ahora que lo pienso.

Pero he de reconocer que mi pasada crueldad hacia mí misma me abruma ahora.

¿Cómo podía hacerme aquello? ¿Cómo veía todo tan distorsionado?

Son preguntas retóricas ya que ya sé la respuesta. Pero aún así me quedo con la cabeza gacha, con las lágrimas deslizándose por mi nariz, horrorizada por un pasado sin luz.

Sin embargo, no escribo esto por rencor, sino para perdonar.

Perdono a aquella chica que gritaba pidiendo ayuda, que se cortaba porque el dolor de dentro era insoportable, que no tragaba porque no podía…

A ella, a la que resistió una tortura que no sabía si tendría fin, la perdono.

Perdono las cicatrices de fuera y de dentro, ya que con ellas decidí hacerme más fuerte.

Perdono porque siempre, tras aquellos velos que cubrían su rostro, hubo una luz radiante.

Por todo esto que me has dado y lo que conseguiremos juntas; te amo.

Contemplar a la chica del pozo

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No paro de sonreír, me sale solo. Me miro al espejo y lo que veo es agradable, es precioso.

Camino ligera, algo se ha ido, algo sin forma ni nombre.

He construido un castillo fuertemente custodiado. A la criatura la puedo ver desde mi atalaya, quiere entrar pero éste ya no es su hogar.

Trata de atraerme con palabras vacías y reconfortantes, pero yo la observo desde arriba, impasible.

No puedo parar de sonreír porque algo dentro de mí funciona muy bien.

Ya no salen las burbujas de cinismo que envolvían mis palabras. Ahora la educada honestidad es mi nueva amiga.

Ya no cabe el normalizado desprecio, ni las miradas de rabia, ni la falta de fuerzas… Nada de lo que oscurecía mis ojos entra en mí.

Necesito espacio en el castillo para todo lo bueno que viene y está por venir.

Castillo

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